Profesores Alejandra Álvarez, Ricardo Moreno y Manuel Villalón son reconocidos por su trayectoria académica en la UC
agosto 29, 2026
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“Todos los caminos, tiempos y biografías son de un tremendo valor para esta universidad. Todos nosotros somos, finalmente, una expresión bastante pura de la libertad que tuvimos para crear”, señaló en la ceremonia el Rector Juan Carlos de la Llera.
Como cada año, la comunidad UC se reunió el 28 de agosto en la ceremonia del Día de la Trayectoria Académica para reconocer a 102 docentes que cumplieron entre 25 y 50 años de labor en la Pontificia Universidad Católica de Chile.
El encuentro
se llevó a cabo en el Salón Juan Francisco Fresno del campus Casa Central y
contó con la participación de las principales autoridades de la universidad,
representantes de las diferentes unidades académicas, integrantes del cuerpo
académico y familiares de las personas destacadas.
En su discurso el Rector Juan Carlos de la Llera reivindicó el valor de las biografías diversas como expresión de la libertad de creación: “Todos los caminos, tiempos y biografías son de un tremendo valor para esta universidad. Todos nosotros somos, finalmente, una expresión bastante pura de la libertad que tuvimos para crear”.
“Algunos de ustedes encontraron su pregunta central, su estrella guía, tempranamente y la persiguieron con avidez durante décadas. Otros la fueron descubriendo más tarde, casi por accidente, y terminaron dedicándole lo mejor de sus capacidades intelectuales y vida tratando de comprenderla”, señaló.
Entre el profesorado que fue reconocido se destacó la trayectoria de 25 años de Alejandra Álvarez y Ricardo Moreno junto a Manuel Villalón, quien cumplió 35 años en la UC.
Sobre esta distinción, el académico Manuel Villalón sostiene que “es importante que en una comunidad de personas, especialmente en una institución como la universidad existan hitos que nos permitan mirar el camino recorrido y saber que el presente es el resultado del trabajo y aportes de muchas generaciones que antes que nosotros lograron la institución que es hoy la UC, y le permiten continuar cumpliendo su misión y avanzar en los nuevos desafíos en sus planes futuros”.
En la misma línea, la profesora Alejandra Álvarez afirma que “este es un reconocimiento importante para mí, pues mi formación académica y mi trayectoria siempre han estado ligadas a la Universidad Católica. Mis mayores logros y desafíos se han desarrollado en la UC”.
Por su parte, para el profesor Ricardo Moreno no fue una sorpresa, pues es una distinción que se encuentra en el reglamento, sin embargo, no deja de ser importante: “Sostener 25 años en la planta ordinaria de esta universidad es, en sí mismo, un desafío enorme: cuando uno entra como profesor asistente, hay plazos que cumplir para ascender a asociado y luego a titular, y ello exige sostener simultáneamente investigación activa -publicar y adjudicar financiamiento en programas competitivos-, docencia de calidad, extensión y también gestión, participando en instancias como los comités de pregrado y de doctorado. Permanecer, aquí, significa seguir rindiendo a un nivel alto, y en todos esos frentes a la vez, durante un cuarto de siglo”.
“Por eso lo que siento, sobre todo, es satisfacción: desde niño quise ser científico, y aunque esta es una carrera que no termina nunca, poder mirar hacia atrás y ver que estudié, me formé y trabajé en la que hoy es la mejor universidad de Latinoamérica y el Caribe -según el QS World University Rankings 2026 en su medición regional-, es una alegría profunda. Y es también un momento de gratitud: hacia mi familia, que me ha apoyado en todo lo que he emprendido, y hacia Dios, sin quien nada de esto se habría concretado”.
Alejandra Álvarez: “Ha sido un constante crecimiento”
Tras realizar sus entrenamientos posdoctorales en Estados Unidos y en la Universidad de Chile volvió en 2001 a la Universidad Católica como profesora de la Facultad de Ciencias Biológicas. “Desde que me incorporé a la FCB ha sido un camino de constante crecimiento. Recuerdo cuan desafiante fue incorporarme a un grupo de investigadores y docentes tan exitosos y sólidos académicamente”, relata.
Dentro de ese recorrido de crecimiento continuo, la profesora reconoce que son las y los estudiantes el motor del laboratorio y la investigación. “Para mí es super gratificante formar personas, estar con los alumnos tanto de pregrado, como de doctorado. A mi me gusta mucho lo que significa entrenar a las y los futuros investigadores en lo que es el pensamiento critico, la reflexión y en buscar nuevas ideas. Me gusta impulsarlos para que se planteen desafíos y que se hagan preguntas. Esta es una de las cosas que más me atrajo siempre, es decir, ya no hacer solo yo investigación, sino que hacer un grupo de investigación”, enfatiza.
En su trayectoria además destaca su relación con las y los académicos de la facultad, donde siempre hubo colaboradores, como también referentes para hacer ciencia que genere un impacto. En ese sentido, cuenta que “por ejemplo, mi inicios como profesora se desarrollaron en el Fondap y en el el CARE -Centro de Envejecimiento y Regeneración-, donde estaban profesores como Nibaldo Inestrosa, Enrique Brandan y Alfonso González, que siempre tenían esa forma de ver la ciencia como una que tuviera sentido y con resultados visibles. Y yo he mantenido eso, aun cuando ese grupo ya no está, creo que el espíritu quedó en lo que en ese tiempo éramos los miembros jóvenes del CARE. Quedó ese legado”.
“Desde que me incorporé a la FCB ha sido un camino de constante crecimiento. Recuerdo cuan desafiante fue incorporarme a un grupo de investigadores y docentes tan exitosos y sólidos académicamente”, relata la profesora Alejandra Álvarez. Foto: Karina Fuenzalida
En estos 25 años en la UC, la académica afirma que uno de los momentos más significativos de su trayectoria fue cuando fue promovida a profesora titular: “Fui una de las primeras mujeres en ser promovida y parecía que se podían vencer algunas barreras“.
“Hubo por parte de varias colegas una labor importante en sensibilizar a la facultad respecto a que habían muchas profesoras que estábamos con nuestras carreras bastante desarrolladas, pero que no seguíamos avanzando en las etapas que nuestros colegas si lo hacían. Y en ese tiempo, la gente se sensibilizó y las comisiones académicas también, entonces, fui una de las primeras mujeres de ese grupo a pasar a ser titular”, recuerda.
Respecto a cómo proyecta el trabajo de la FCB en el escenario científico nacional, para la docente, cuya investigación se centra en los mecanismos moleculares y celulares asociados a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, Niemann-Pick tipo C y la epilepsia, con foco en el rol de la quinasa c-Abl, la facultad seguirá siendo un referente nacional en la formación de académicos y académicos de excelencia, y liderando la investigación.
Asimismo, aborda los desafíos que implican avanzar en innovación, un camino que ha recorrido desde la UC con el desarrollo de Neurotinib junto a la Dra. Silvana Zanlungo. “Uno de los desafíos de ser científico en este tiempo es lograr desarrollar ciencia que tenga un impacto en la sociedad. La universidad ha hecho ese camino, en la facultad también hay algunos que lo han hecho, y es interesante porque los nuevos investigadores, probablemente, los posdoc y doctorados que salgan de la universidad, van a tener más implantada la semilla de pensar en hacer ciencia con proyección, mirando también los desafíos de innovación y las prioridades país. Creo que en ese sentido, tanto la facultad como la UC han tenido la capacidad de adaptarse, de ir de a poco, porque no es fácil”, concluye.
Foto: Karina Fuenzalida
Ricardo Moreno: “Para mí lo más importante ha sido formar personas”
“Estaba haciendo mi postdoctorado en Oregon cuando me enteré del llamado a concurso. Postulé, y recuerdo la alegría de recibir el correo del entonces secretario académico, el profesor Rodrigo Iturriaga, ofreciéndome el cargo de profesor asistente”, cuenta Ricardo Moreno.
En enero de
2001 llegó a la Facultad de Ciencias Biológicas UC, donde tuvo que hacerse
cargo del curso de Biología del Desarrollo: “Tuve dos meses para
reestructurarlo; le incorporé un práctico de fecundación en erizo de mar que se
hizo famoso y que a los estudiantes les encantaba. En lo científico, llegué con
fondos de una beca Fogarty que me duraron un par de años, tiempo en el que pude
asentar mi laboratorio y, al segundo intento, adjudicar mi primer FONDECYT como
investigador independiente”.
Así, sus primeros años en la FCB están marcados por las personas. “En lo académico me acogió en su laboratorio el profesor Claudio Barros, que en paz descanse, dándome el espacio para montar el mío. Con él había hecho mi tesis de pregrado; fue un gran amigo, diácono, y quien bautizó a mi hijo mayor. Con él nació mi amor por la célula que ha marcado toda mi vida científica, el espermatozoide, y también mi interés por el diálogo entre ciencia y fe, porque era un científico excelente y, a la vez, un hombre profundamente católico. Curiosamente, mi mentor en Estados Unidos era científico y rabino. De modo que, por ambos lados, ciencia y fe estuvieron entrelazadas desde mis inicios, tal como lo están hoy”, relata.
“Estaba haciendo mi postdoctorado en Oregon cuando me enteré del llamado a concurso. Postulé, y recuerdo la alegría de recibir el correo del entonces secretario académico, el profesor Rodrigo Iturriaga, ofreciéndome el cargo de profesor asistente”, cuenta Ricardo Moreno. Foto: Karina Fuenzalida
Dentro de los momentos más significativos durante estos 25 años recuerda varios hitos con cariño: el ascenso a profesor asociado y luego a titular, la presidencia de la Sociedad Chilena de Biología de la Reproducción y del Desarrollo, su trabajo en la revista Biological Research, donde fue editor jefe, y “la bioética, a la que me encaminaron Barros y Manuel Santos, y que me ha acompañado por diez o quince años en distintos comités, desde un comité local de la Facultad de Ciencias Biológicas presidido por el doctor Santos hasta el comité institucional de la universidad, en cuya formación participé”.
“Para mí lo más importante ha sido formar personas: casi veinte doctores, además de estudiantes de magíster y de pregrado, chilenos y extranjeros -de Colombia, Perú, Ecuador, Argentina-, y postdoctorados internacionales que hoy trabajan en Chile. No es un momento puntual: es toda la trayectoria. Eso es lo que, cuando lo pienso, me produce la satisfacción más honda”.
Sobre cómo proyecta el trabajo de la facultad en el escenario científico nacional, el académico, quien investiga las etapas y mecanismos que conducen a la formación de un embrión, integrando aproximaciones de bioquímica, biología celular y fisiología en modelos animales, señala que “no tengo dudas de que seguirá formando científicos con el rigor y el análisis crítico que la han caracterizado”.
“Lo que espero, y me atrevo a proponer, es que no nos enfoquemos solo en la rigurosidad de la especialidad, sino que fomentemos también la dimensión ética y bioética de la ciencia, hoy en crisis. Vemos el aumento de retractaciones en revistas de alto impacto, la aparición de los paper mills, la proliferación de artículos hechos con inteligencia artificial, la reproducción ilegal de datos. Frente a eso, creo que no basta un curso aislado, porque no se trata de ‘cumplir’ con un ramo. La integridad científica hay que cultivarla de manera transversal: desde el primer año, en todos los cursos, sobre todo cuando los estudiantes entran a los laboratorios, y muy en particular en el doctorado, etapa donde me parece que se ha fomentado poco. Es una actitud general y formativa, no un requisito administrativo. Si la facultad asume ese desafío, seguirá siendo un referente no solo por la calidad de su ciencia, sino por la manera de hacerla”, subraya.
Foto: Karina Fuenzalida
Manuel Villalón: “Es importante mirar los hitos del camino recorrido“
Manuel Villalón llegó a la Facultad de Ciencias Biológicas en 1991 después de finalizar sus estudios de postgrado en Estados Unidos. “Me parecía que el contacto y trabajo con los estudiantes de pregrado y posgrado eran algo distintivo de la UC, por el interés que veía en ellos de aprender y participar, aunque el desarrollo computacional y tecnológico era incipiente a nivel universitario, especialmente, para lograr investigación de frontera de impacto nacional e internacional”, recuerda.
Para el académico, cuya investigación se centra en el transporte
mucociliar, un proceso clave para la protección y limpieza de epitelios como
los del oviducto y las vías respiratorias, estos 35 años han tenido varios
momentos significativos en la facultad, entre ellos, participó en iniciativas
destinadas a fortalecer las actividades experimentales de las y los estudiantes
de pregrado, como también robustecer el equipamiento de punta para la
investigación en postgrado, asegurando las competencias para formar a nuevas y
nuevos investigadores.
A lo que agrega: “En 1999 participé como tutor y docente en el programa bachillerato con clases masivas (500 alumnos) a distancia usando un circuito cerrado de televisión, lo que se conocía como el 5° campus. Tal vez una iniciativa que se adelantó a los desafíos de la docencia a distancia que la universidad debió implementar forzosamente durante la pandemia del COVID. Finalmente, desde la Vicerrectoría Académica lideramos como equipo varias iniciativas con apoyo del Ministerio de Educación en proyectos que buscaban mejorar la inserción y nivelación de estudiantes más vulnerables, y darles un apoyo especial para asegurar con éxito su progresión académica en la UC”.
“Desde hace mucho tiempo ha existido en la reflexión propia del diseño de las políticas de investigación del país una dicotomía no resuelta que pone en la balanza investigación básica vs aplicada. Ambas son necesarias y dependientes una de la otra, para asegurar el desarrollo científico y tecnológico que Chile necesita para lograr un progreso integral y equilibrado al que aspiramos”, sostiene el profesor Manuel Villalón. Foto: Karina Fuenzalida
Acerca del rol y proyección de la facultad en el escenario científico nacional, el doctor en Bioingeniería afirma que “desde hace mucho tiempo ha existido en la reflexión propia del diseño de las políticas de investigación del país una dicotomía no resuelta que pone en la balanza investigación básica vs aplicada. Ambas son necesarias y dependientes una de la otra, para asegurar el desarrollo científico y tecnológico que Chile necesita para lograr un progreso integral y equilibrado al que aspiramos”.
“La FCB trabaja en su plan de desarrollo para los próximos años, en como fortalecer sus planes de formación a nivel de pregrado y posgrado, investigación de punta de impacto nacional e internacional, asegurando que sus fortalezas y capacidades de investigación respondan y tengan sintonía con los desafíos que tenemos como país”, apunta.