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"Experiencia emocional, experiencia de aprendizaje, experiencia de descubrimiento. Un biólogo aprecia la belleza de la naturaleza en las diferentes dimensiones de la experiencia humana".
“¿Qué significa ser biólogo? ¿Significa simplemente obtener un título en biología? Probablemente no. Conozco a muchas personas sin formación académica formal que están íntimamente familiarizadas con la naturaleza al trabajar o vivir cerca de ella. Son capaces de formular preguntas clave y responderlas mediante experimentos u observaciones. Como biólogo, los considero colegas, incluso sin créditos académicos. Esta situación, por lo tanto, plantea la pregunta: ¿Quién es el biólogo por excelencia? O, dicho de otro modo, ¿cuál es la esencia de ser biólogo?
Como ocurre con otras definiciones, es fácil usar el término, pero difícil describirlo explícitamente con palabras. Tras mucha reflexión, he elaborado mi propia definición operativa: un biólogo es alguien que ama, conoce y estudia la naturaleza.
El amor por la naturaleza constituye la motivación inicial de todos los biólogos. Se traduce en el deseo de realizar una actividad que permita estar cerca de ella. Luego, mediante la educación formal, el aprendizaje estructurado o simplemente la práctica, uno empieza a saber cada vez más. Comienza a consultar a expertos, leer libros, ver documentales, asistir a conferencias, etc. En el caso de un grado académico formal, se empieza a asistir a clases con muchos estudiantes y a leer libros introductorios. Después, los cursos se reducen y los libros se vuelven más específicos. En algún momento, se empieza a leer revisiones técnicas y literatura primaria. Los cursos pequeños se convierten en tutorías individuales con profesores e inevitablemente se llega al punto en que ya no hay más cursos que tomar, artículos que leer ni personas a quienes consultar. Uno se encuentra solo con su pregunta y la única opción es preguntarle directamente a la naturaleza.
Estaba bastante satisfecho con mi definición hasta mi primer año de doctorado, cuando vi un fragmento de un clase del profesor de astronomía de la University of California, Berkeley, Alexei Filipenko. En ella se explicaba cómo la ciencia nos ayuda a comprender el mundo natural realzando su belleza. Esta idea me hizo reflexionar sobre mi definición personal de biólogo desde una perspectiva diferente.
Una magnífica mariposa Papilionidae, un colorido pez
de arrecife, una elegante orquídea o un tierno cachorro de león. La pura
percepción de la naturaleza transmite belleza y asombro al observador. Parece
ser algo innato en nosotros como seres humanos. Pero, por otro lado, la
comprensión de un fenómeno particular proporciona otro tipo de disfrute. El conocimiento
nos permite apreciar de una nueva manera lo que vemos. Cosas que al principio
parecían triviales se vuelven extraordinarias. A medida que aprendemos, todo
empieza a tener más sentido hasta que descubrimos algo que no se puede explicar
con el antiguo paradigma. La emoción de encontrar una nueva caja de Pandora
corresponde a otro tipo de disfrute, uno que apela a un instinto de exploración
más básico.
Como actividad intelectual, la investigación es gratificante y apasionante, pero muchas veces también puede resultar difícil y frustrante. Sin embargo, tarde o temprano, entre recopilación de datos, análisis, ensayos y errores, la naturaleza finalmente decide susurrarnos al oído uno de sus secretos. Considero ese momento íntimo de iluminación un privilegio que solo se puede saborear cuando se han buscado respuestas. Finalmente, está el placer de servir de puente entre la naturaleza y las personas al revelar nuestros descubrimientos y facilitar la experiencia de exploración de otros. Esto se logra impartiendo clases, dando charlas al público en general o simplemente compartiendo la experiencia con alguien que casualmente recorre el mismo sendero.
Ahora me doy cuenta de que mi definición personal se puede resumir en una sola frase: un biólogo es alguien capaz de apreciar la naturaleza en las diferentes dimensiones de la experiencia humana“.
Agradecimientos: Agradezco enormemente los comentarios y sugerencias de Lisa White, Brad Balukjian, Lisa Becking y el apoyo de Rachel Diaz-Bastin y Peter Jaeger.