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Para promover la equidad en la salud y biomedicina: investigadores UC colaboran en tecnología que permite producir proteínas en lugares remotos

junio 3, 2026


photo_camera La investigación, liderada por Keith Pardee junto con las y los colaboradores Camila González en Colombia (Universidad de los Andes), Fernán Federici en Chile (Pontificia Universidad Católica de Chile) y Lindomar Pena en Brasil (Instituto Aggeu Magalhães), surge como respuesta a un problema persistente en el ámbito de la salud y la biotecnología: las brechas de acceso a capacidades de investigación, diagnóstico y producción biomédica, particularmente, en territorios del sur global.

Una sopa instantánea en polvo”. Así describe, en términos simples, el equipo internacional su proyecto, basado en el uso de extractos celulares liofilizados capaces de producir proteínas in situ. “Solo hay que añadir agua y esperar un minuto”, explica desde Canadá Keith Pardee, profesor de la Universidad de Toronto.

Los extractos en formato seco pueden ser almacenados y transportados a temperatura ambiente para luego ser rehidratados y utilizados en la síntesis de proteínas y reactivos biológicos. ¿El objetivo? Descentralizar la biomanufactura de instrumentos biotecnológicos y biomédicos. En ese sentido, la tecnología permite producir localmente herramientas como diagnósticos moleculares, enzimas, factores de crecimiento e incluso vacunas, sin depender de cadenas de frío complejas ni de infraestructura avanzada de laboratorio.

La investigación, liderada por Keith Pardee junto con las y los colaboradores Camila González en Colombia (Universidad de los Andes), Fernán Federici en Chile (Pontificia Universidad Católica de Chile) y Lindomar Pena en Brasil (Instituto Aggeu Magalhães), surge como respuesta a un problema persistente en el ámbito de la salud y la biotecnología: las brechas de acceso a capacidades de investigación, diagnóstico y producción biomédica, particularmente, en territorios del sur global. Aunque estas diferencias quedaron expuestas en la pandemia de COVID-19, el desafío continúa siendo una realidad en numerosos lugares del planeta. 

Así, la plataforma fue implementada en diez sitios de tres continentes diferentes, incluida una montaña en Yukón, y permitió apoyar el desarrollo y validación de herramientas  dirigidas a patógenos de relevancia internacional: SARS-CoV-2, chikungunya y virus Oropouche. Los resultados del estudio, publicado en la revista Science, demostraron desempeños comparables a estándares comerciales, pero con costos considerablemente menores. 

Al respecto, Anibal Arce afirma desde el Instituto de Ingeniería Biológica y Médica (IIBM) en Chile que “el estándar global para este tipo de biomanufactura suele ser inaccesible para muchos países con menos recursos; implementar este formato de ‘sopa instantánea’ a partir de extractos libres de células nos permitió reducir los costos en dos órdenes de magnitud. Esto abre puertas para una forma más descentralizada de producción de estos recursos biotecnológicos”.

Además de sus aplicaciones en biomedicina, la tecnología ha abierto nuevas oportunidades en formación y educación científica: “El uso de estos extractos liofilizados también nos ha permitido desarrollar nuevos talleres educativos que hemos podido implementar tanto en Santiago como en otras regiones, gracias a que se pueden transportar a temperatura ambiente sobre distancias largas”, apunta Valentina Ferrando, asistente de investigación del IIBM.

Dentro de sus proyecciones, el siguiente paso consiste en automatizar la biofabricación sin células. Asimismo, Séverine Cazaux, estudiante del doctorado del IIBM, agrega que “nuestro equipo está ahora aplicando esta nueva forma de biofabricación para el monitoreo de patógenos ambientales en zonas remotas de la región subantártica: la usamos para producir diagnósticos moleculares in situ sin la necesidad de cadena de frío o de infraestructura de laboratorio”. 



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